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miércoles, 16 de julio de 2014

La pieza del mes: 100 años de la custodia de la Adoración Nocturna de Madrid


Custodia para la Adoración Nocturna de Madrid - 1914. Talleres de Arte - Director Félix Granda. Archivo Fundación Félix Granda.

Cien años atrás, en el Madrid del mes de julio de 1914, en los días en que llegaban las noticias lejanas sobre los sucesos que pronto desencadenarían la Gran Guerra en Europa, tenía lugar en los jardines de los Talleres de Arte de don Félix Granda y Buylla una agradable fiesta veraniega. El motivo de la reunión era la entrega de las joyas y metales preciosos que la Adoración Nocturna había recabado para construir una custodia, y que se contarían y fundirían a lo largo de la tarde ante los asistentes.

La descripción del histórico momento que hizo "El Siglo Futuro", en sus páginas del 6 de julio, es particularmente evocadora. El corresponsal, que asistió personalmente al evento, traslada al lector a aquel palacete, el Hotel de las Rosas, situado en el Paseo Izquierdo del Hipódromo, de tal manera que parece que cruzamos junto con los demás invitados el umbral de la verja que da paso al frondoso jardín. Prácticamente recién instalada, los invitados encuentran al entrar la fuente que perteneció a Francisco de Goya, y que Félix Granda adquirió en 1913. Quizá, dentro de la casa, esperan ya D. Miguel Bosch, el último de los fundadores de la Adoración Nocturna que seguía con vida, y el notario, el Sr. Arizcun, que levantaría acta de la entrega. D. Félix Granda, sus hermanas y su madre reciben a los recién llegados:

"Invitados por nuestro buen amigo don Andrés Maldonado, tuvimos el gusto de asistir ayer tarde á una hermosa fiesta celebrada en los Talleres del Arte, instalados en la casa del gran artista D. Félix Granda y Buylla, simpático y virtuoso sacerdote que los dirige.
La Adoración Nocturna (sección de Madres) abrió una suscripción para construir una Custodia, y fueron muchas las personas que para tal fin regalaron joyas y monedas de oro. La fundición del precioso metal de todos estos donativos, presenciada por el notario Sr. Arizcun, fué la causa de la fiesta de ayer, á la que concurrieron numerosas y distinguidas personas. 

Uno de los concurrentes era el único superviviente de los siete fundadores de la Adoración Nocturna, D. Miguel Bosch."

Entrada al Hotel de Las Rosas, sede de los Talleres de Arte, desde el Paseo Izquierdo del Hipódromo (hoy Agustín de Bethancourt). C. 1910. Archivo Fundación Félix Granda.

La entrega y fundición de las joyas debió estar cargada de emoción, incluso revestida por cierta solemnidad. Pesadas, con toda seguridad, en la antigua balanza que aún hoy se conserva en los pasillos de nuestra institución, reunían entre todas 4,818 kg de oro, y fueron fundidas separadamente de las monedas de oro. Dos cadetes de Infantería, los señores Pedrero y Terán, fueron los encargados de arrojar al horno las alhajas, que tardaron 45 minutos en quedar convertidas en dos lingotes, "que pasaron de mano en mano de los circundantes". El corresponsal prosigue la descripción con gran detalle:

"Se inventariaron después las monedas que eran: cinco de 100 pesetas, 41 de 80, una de 50, nueve de 40, 206 de 25, 57 de 20, 77 de 10, cuatro de 12,50 y 42 de cinco, más las 20 monedas de cinco duros, primer donativo recibido. 
Estas monedas fueron llevadas al csisol por todos los asistentes, siendo la primera depositada por el general del Bosch.

Cuando terminó la fundición da todo el oro entregado se pesaron los lingotes, que dieron un peso total —joyas y monedas— de 8 kilos y 643 gramos, cantidad de oro que, según afirmaba el fundidor, jamás había llegado á fundir él de una vez, ni cree que se haya fundido nunca en España, de no ser en la Casa de la Moneda.
Al verter el oro del crisol en el molde, el presidente de la Adoración pronunció un «Alabado sea el Santísimo Sacramento», al que todos los asistentes, descubiertos, respondieron con un «Por siempre
sea bendito y alabado»."
Las donaciones, sin embargo, no habían finalizado, recibiéndose en aquel momento "un estuche que contenia una cadena de oro, una gruesa amatista, alfileres de brillantes y otras piedras y alhajas que se valuaron en unas diez mil pesetas", acaso aportación del propio anfitrión y su familia. En total, se había logrado recabar en metálico treinta y siete mil pesetas, además de alhajas y piedras preciosas cuyo valor se estimaba en sesenta y tres mil pesetas.

Finalizada la fundición, los asistentes recorrieron los edificios que conformaban los Talleres de Arte, como era costumbre que hicieran todos los que visitaban la empresa, finalizando con una merienda en el frondoso jardín:

"El Sr. Granda, en cuyos talleres trabajan 120 obreros, á los que personalmente dirige, enseñó después la hermosa casa y los talleres á las personas que allí se encontraban, pudiendo admirar todos
la riqueza y gusto con que todo está instalado y las obras valiosísimas que actualmente
se realizan, especialmente objetos de plata repujada, de un inestimable valor artístico.
(...)
La respetable madre del Sr. Granda, las hermanas de este gran artista y varias señoritas hicieron los honores á los invitados, sirviéndoles en el jardín de la casa un suculento lunch y una riquísima sidra champagne."

La custodia que diseñó D. Félix Granda para la Adoración Nocturna era de una belleza, riqueza y novedad excepcional, que incorporaba en su diseño ecléctico elementos de estilo modernista. Estaba ubicada sobre un trono o expositor, también ricamente decorado. Se encontraba cargada de significados iconográficos, a veces de gran complejidad, que resulta sin embargo fácil descifrar gracias a haberse editado en su día un folleto en el que se recogía la carta explicativa del diseño que don Félix Granda envió al Sr. Maldonado. Diría Granda en este texto:
"Ha querido la Adoración Nocturna que con todas las ofertas, ricas y pobres, hiciese un trono para Cristo que fuese humilde obsequio de su amor; por lo tanto, en mi composición es un solo objeto el trono y la Custodia; deplata y piedras preciosas aquél, y ésta, como sitio que está más cerca de Él, como escabel de sus pies, de oro más finamente labrado y de más ricas piedras. 
En el pedestal, como sitio más apartado, los recuerdos del Antiguo Testamento, y la alusión a la Adoración Nocturna.
En la Custodia, el Nuevo Testamento."
 En la base de la custodia, formando el que quizá sea el elemento más excepcional de la composición, se distribuyen en tres gradas los veinticuatro Ancianos del Apocalipsis, que postrados, arrodillados y en pie ofrecen respectivamente las riquezas y el poder, simbolizados por coronas, las ciencias y las artes, simbolizadas por cítaras y las oraciones, representadas por pebeteros llenos de incienso. Las volutas de humo que surgen de los pebeteros ascienden hacia el viril conformando el fuste de la custodia, atraviesan una esfera estrellada (el orbe del universo) y rompen en una gran nube sobre la que un coro de ángeles y querubines conforman el arranque de la cabeza de la pieza, dispuestos simétricamente respecto al trono del Cordero. "Representamos en nuestra Custodia - dice Granda - los mundos como pedestal; los ángeles y querubes sostienen su trono y en su alrededor las nebulosas y las estrellas brillan y se mueven con movimiento elíptico; son los astros que su amor forma y sostiene su poder."

El viril, como ocurre en otras piezas de Granda, se halla rodeado de brillantes y perlas como imagen de la luz, símbolo de la Fe. En torno a ellos, un círculo de esmeraldas, cuyo significado por su color afirma Granda ser "que la misericordia de Cristo no envejece, sino que siempre es nuevo su amor y que los que esperan en Él no serán confundidos." La colocación de esmeraldas en torno al viril es también frecuente en Granda, si bien otras veces refiere que representan el arco de luz verde que rodea el trono en el Apocalipsis. Por último, un tercer arco de rubíes y granates simbolizan por su color rojo la Caridad. La custodia estaba finalmente coronada por una cruz patada de brillantes sobre un círculo de filigrana y rubíes. Bajo ella, el pelícano, símbolo de Cristo, alimenta a sus crías con su propia carne. Cinco piedras engastadas, posiblemente rubíes, representaban las gotas de sangre.

El modelo, con variaciones, fue repetido por Granda en otras piezas.

Custodia para la Adoración Nocturna de Madrid (1914). Detalle del pelícano y cruz que ciman la pieza. Talleres de Arte - Director Félix Granda. Archivo Fundación Félix Granda.

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Bibliografía:
- "La custodia de la Adoración Nocturna de Madrid", El siglo futuro, año VIII, nº 2.902, 6 de julio de 1914, p. 2. Enlace al ejemplar en la Hemeroteca Nacional.

- GRANDA Y BUYLLA, Félix, Pbro., Custodia para la Adoración Nocturna, Talleres de Arte, Paseo Izquierdo del Hipódromo, Madrid, 1915.

viernes, 4 de abril de 2014

El retablo Jesuita de Ciudad Real

Retablo de los padres Jesuitas de Ciudad Real. Talleres de Arte - Director Félix Granda. Archivo Fundación Félix Granda.
La pasada semana se ha publicado un interesante artículo, escrito por el investigador don Francisco Blanco, concerniente a la iglesia Jesuita de Ciudad Real, cuyo retablo realizaron don Félix Granda y Buylla y sus Talleres de Arte en 1943, tras la destrucción del existente en el templo durante la Guerra Civil.

El retablo guarda estrechas semejanzas con otros realizados por Félix Granda para la Compañía de Jesús, cuyo diseño debió de gozar de bastante éxito. Se conocen hasta la fecha tres retablos que emplean estos modelos, ubicado uno en Montilla y el otro, que fue el primero en realizarse, en La Habana (Cuba). Los modelos para las tallas de madera fueron realizados por el escultor don José Capuz Mamano (1884 - 1964), que durante años fue Maestro de escultura en los Talleres de Arte de don Félix Granda. Las imágenes que comparten los tres retablos muestran a los santos de la Orden.

El retablo de La Habana que sirve, en las esculturas, de modelo al de Ciudad Real, fue realizado en 1922 para la iglesia del Sagrado Corazón, ubicada en la calle Reina de esa ciudad. Por su arquitectura neogótica, singular en La Habana, es hoy uno de los edificios emblemáticos del barrio en que se enclava. La gran calidad de la obra fue tan valorada ya en la época que recibió la consideración de obra artística, eliminando los cargos arancelarios obligatorios para la entrada de mercancía en el país.
El artículo de don Francisco Blanco, que se centra especialmente en la imagen del Cristo de la Salud que se conserva en la citada iglesia Jesuita de Ciudad Real, puede leerse en este enlace: http://www.miciudadreal.es/2014/03/25/el-cristo-de-la-salud-de-ciudad-real

viernes, 21 de febrero de 2014

21/02/1868 - 23/02/1954: Aniversario de don Félix Granda


 

Un 21 de febrero como hoy, hace 146 años, nacía en la localidad asturiana de Pola de Lena Félix Granda y Buylla.
Hijo de Wenceslao Álvarez (o Fernández) de la Granda, médico natural de Mieres, y de Elvira Álvarez - Buylla Santín, de Pola de Lena, fue el mayor de seis hermanos, de entre los cuales estaría especialmente unido a su hermana Cándida, quien tras enviudar en 1912 viviría con él hasta su muerte, participando activamente en la gestión de la empresa.
Félix Granda ingresa en el Seminario de Oviedo, realizando ya en esta época algunas pinturas que demuestran su inclinación a las artes. Su habilidad artística no debió pasar inadvertida para sus superiores, que le permitieron formarse en ésta área y que, andando el tiempo, darían su consentimiento para que se dedicase a ella plenamente. Y es que es cierto lo que se ha dicho sobre Félix Granda: que en él estaban unidas la vocación artística y sacerdotal. Tanto es así, que la empresa que creó ha mantenido tradicionalmente 1891 como su año de fundación, el año en que Félix Granda se ordena sacerdote.
Pronto comienza a destacar su obra en Asturias, por lo que se desplaza a Madrid, donde su protector, Mons. D. José María de Cos y Macho, había accedido a la Sede Episcopal de Madrid - Alcalá. En la Corte realiza sus primeros encargos de peso, como la decoración mural del presbiterio de la parroquia de Ntra. Sra. del Pilar, en el barrio de La Guindalera.
Nuestra Señora del Pilar del barrio de La Guindalera (Madrid). El lienzo que decora el muro del presbiterio fue, según él mismo señalaba, el primer trabajo que realizó Félix Granda en Madrid.
En 1903 adquiere el Hotel de Las Rosas, en el Paseo Izquierdo del Hipódromo, sobre cuyo solar en la Castellana se construirían no mucho tiempo después los Nuevos Ministerios. Reúne entonces en sus instalaciones a los mejores artistas y artesanos de los distintos oficios, llegando a ser doscientos trabajadores. Sus "Talleres de Arte" alcanzarán pronto gran fama, tanto nacional como internacionalmente.
De izquierda a derecha, Antonio Palacios, Sileno y Félix Granda en el pabellón del Retiro del Círculo de Bellas Artes (Madrid) Foto: ABC
Félix Granda se consagra como artista cuando recibe, en 1911, la Medalla de Oro de la Exposición de Arte Decorativo organizada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en la que participaron figuras como Ruiz de Luna, Daniel Zuloaga, Maumejean o el propio Benlliure. Fue también nombrado, por este motivo, miembro honorífico del Círculo.
A lo largo de su carrera recibiría otros importantes reconocimientos a su labor, como los nombramientos de Canónigo de Honor de los Cabildos de la Catedral de La Habana y de la Catedral de Burgos, que recibiría en 1922 y 1927 respectivamente.
Permaneció durante gran parte de la Guerra Civil en Madrid, durante la que los Talleres de Arte, dotados de una gran sección de fundición, estuvieron al servicio de la República. La supervivencia de los llamados "Talleres del cura" y del propio Félix Granda durante la contienda estuvo probablemente ligada a la circunstancia de ser dos de sus sobrinos, Félix y Santiago Sampil, dos destacados aviadores republicanos.
Tras la Guerra, participó en las labores de reparación del Servicio de Recuperación Artística, encargándosele además la reconstrucción de muchas de las obras que sus propios Talleres habían realizado antes de 1936.
Félix Granda muere en 1954, el día 23 del mismo mes de febrero en que había nacido, a la edad de 86 años. Recibió sepultura en el cementerio de La Almudena de Madrid.
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Bibliografía:
Díaz Quirós, G., "Talleres de Arte y el diseño de espacios interiores para el culto", en Fernández García, A. Mª, Decoración de interiores. Firmas, casas comerciales y diseño en Asturias, 1880 - 1990, Septem Ediciones, 2012.

lunes, 10 de febrero de 2014

La pieza del mes: el retablo de la Virgen de la Almudena


 
Este mes de febrero inauguramos una nueva sección: la pieza del mes. En ella, iremos presentando documentos y objetos de nuestras Colecciones, o comentando obras realizadas por don Félix Granda Buylla y sus “Talleres de Arte” a lo largo de la historia.
Hoy, presentamos la historia de un retablo bastante conocido para los madrileños, que lo reconocerán sin embargo con otra imagen principal y en otra ubicación. Se trata del que, situado en la escalinata lateral de la Catedral de Ntra. Sra. de la Almudena, cobija hoy la imagen de la ilustre Patrona. El mayor interés de esta obra reside en sus tablas policromadas, realizadas por Juan de Borgoña en el siglo XV; pocos saben que se realizó sobre él una intervención hacia finales del siglo XIX, en la que se le añadió un altar y probablemente se renovó la mazonería, realizándose incluso alguna intervención menor en alguna de sus valiosas tablas. Esta intervención, que tan común resultaba en la época y tan escandalosa nos resulta hoy a la luz de los modernos criterios de restauración, fue precisamente encargada a don Félix Granda.
 
La intervención sobre el retablo era, sin embargo, tan sólo una parte del proyecto de ornamentación de una capilla privada muy especial. Y es que, ¿dónde se hallaba el retablo antes, en la época en la que lo remodeló Félix Granda? Se encontraba nada menos que en el Palacio Arzobispal de Madrid, y fue sin duda uno de los primeros trabajos que realizó Granda en la Villa y Corte.
La mayor aportación de Félix Granda a la capilla fueron las pinturas murales que aún se conservan en los tímpanos de los arcos ciegos que decoran el lateral de la capilla. En ellas, se muestran cuatro alegorías: el Episcopado, la Fe, la Esperanza y la Caridad.
El altar, que hoy en día se encuentra localizado en otra iglesia de Madrid, contenía un relieve con la escena de la recolección del maná, iconografía relacionada con la prefiguración de la Eucaristía.